Tradicionalmente y, a veces con excesiva facilidad, se concibe y se plantea la adolescencia como una crisis. En realidad, la adolescencia no es ni la primera ni la última crisis con que tropieza un hombre. En este período de la vida humana, el hombre sufre un proceso de mutación y maduración.
En el caso del adolescente, lo que en primer lugar sorprende de modo evidente, es el aumento de su fuerza tan pronto como abandona la infancia. A partir de los 14 años el sistema muscular y nervioso alcanzan mayores rendimientos. El enervamiento adolescente no se concentra con tanta facilidad en una actividad positiva. La agitación, por ser mas violenta, lo haría más negativo y destructor.
El esfuerzo físico, el trabajo y el deporte, cada uno a su modo, facilitan el autodominio del adolescente.El adolescente trabaja mejor gracias a un rendimiento mejor de sus fuerzas. Es importante sumir al adolescente en un clima de juego y deporte. La pereza acecha al adolescente y si esta pereza se convierte en un sentimiento frecuente, revela todos sus peligros.
El cociente intelectual es constante así que si un niño es inteligente será un adolescente inteligente y después será un adulto inteligente.Hacia los 12-13 años un joven adolescente ha adquirido ya una organización mental racional que pude liberarse de un egocentrismo y captar las cosas desde otros puntos de vista que no sea al suyo. Las aptitudes se precisan rápido después de la pubertad. Algunas aparecerán mas tarde. La aptitud musical es la más precoz. Después viene la aptitud mecánica y le sigue la del dibujo. Después vienen en desorden la matemática, literaria y la científica.
La adolescencia marca el desarrollo de una orientación general del pensamiento en el que interviene esencialmente manifestaciones nuevas del carácter.
El deseo de tener razón, de brillar, el espíritu de contradicción, la agresividad, el deseo de expresarse y autodefinirse avanzando unas ideas, marcan considerablemente la compenetración de la efectividad y del ejercicio de la inteligencia. El adolescente quiere que su pensamiento sea valido universalmente y los adultos en ocasiones no tienen más remedio que oponérsele. El adolescente exige universalidad y personalidad.
El adolescente atraviesa fases de excitación y de atonía. La atonia es un fervor decepcionado. En el cambio de su afectividad, necesita comprensión. De los 12 a 14 años se manifiesta esto. Esta agresividad es más sutil, reservada y maligna. Y se reviste más bien como provocación.
El descubrimiento de la interioridad es específico del adolescente y se equilibra hacia los 17 años. La sexualidad desempeña un interesante papel. Experimenta las tristezas del intimismo antes de conocer sus alegrías. La inquietud hace cobrar conciencia de si mismo y le hace descubrir sentimientos y su corazón. Muchos sienten preocupación por su porvenir o de lo que le podría pasar en el mundo. Los 13 años es la edad más triste de la adolescencia. Por las decepciones que suponen la separación de amigos, los planes que fracasan, etc. A los 14 años admiten su tristeza o se sienten de malhumor. A los 15 años se sienten más felices ya que tienen una conciencia más viva de algunas tristezas. A los 16 años muchos afirman que son más felices. La melancolía es característica de los 15 años. Expresa malhumor con una especie de superioridad. La melancolía alimentada pude alterar con agitación colectiva que causa malhumor más denso. Algunas melancolías tienen causas fisiológicas que exigen una intervención médica o se deben a veces a razones familiares o sociales.
El modo de construir su yo depende del medio ambiente, de sus acciones de niño. Por otra parte, su deseo de llegar a ser alguien depende de si mismo. Esos mismos medios esperan de él una estabilidad cuyo vencimiento aplaza, no siempre distingue entre las presiones de una autoridad de maestro y exigencia de disciplina de un jefe. El adolescente quiere jefes pero sin que éstos le exijan ser adulto. En susubconsciente acepta como conforme a sus aspiraciones la energía y la competencia. Pero concientemente quiere originalidad en su personalidad.
Una de las mayores dificultades es el tener un cuerpo nuevo que va varianso y que apenas es posible identificarlo como propio. La exagerada preocupación por si mismo, la timidez, característica del adolescente, aumenta todavía más la capacidad de conocerse. La adolescente experimenta a veces el malestar de poseer un cuerpo y el hecho de que le resulte tan difícilmente dominable.
Afirmarse resulta común hacerlo en forma de protesta. Es mas fácil oponerse que imponerse, negar que afirmar. Cuando el adolescente se busca a sí mismo, primero siente la tentación de oponerse. La educación entonces precisa de una buena dosis de paciencia.
Se comprende que el adolescente ponga especial empeño en vestir y arreglarse como quiera, y también que ordene sus asuntos tal como él quiere. La disponibilidad de dinero es un problema de personalidad desde el punto de vista psicológico, los excesos son desastrosos.
La adolescencia concluye con el equilibrio de la personalidad en la profundización del propio mundo interior. Al adolescente y, más aun a las mujeres, les preocupa su intimidad ya esa edad son mas sensibles para con la admiración de sus iguales que rspecto a la de los adultos. La soledad puede ser la profundización auténtica de una verdadera vida interior. Cada adolescente tiene sus héroes sobre los que proyecta su ideal.
En definitiva,la construcción de la personalidad propia es el eje fundamental de la evolución adolescente.Hay crisis que revelan pérdida de personalidad y hay crisis de crecimiento que arrancan de un desequilibrio entre una estructura ya vieja y la expansión de las propias actividades. El cambio en la adolescencia es más bien una renovación, se trata de un renacimiento para hacerse cargo de uno mismo.
Así pues, la adolescencia, chicos, más que una crisis, puede ser una verdadera renovación, no creéis????